
(Foto que tomé subiendo al Pico)
Una de las cosas que me gustan de mi país, pese a que se ha prostituido, es el hecho de que si quieres irte un día a la playa, ésta no te quedará demasiado lejos. Y si al otro día te la da la gana de irte al páramo, pues tampoco está excesivamente lejos (depende de la ubicación, lo sé, pero al menos todo está dentro del territorio venezolano).
En mi caso, debido a que mi papá no pudo viajar con nosotros a la playa la semana pasada, decidió que estos tres días (de viernes a domingo) nos fuéramos a las montañas. Y la verdad me gustó.
O sea, el viaje a la playa fue agradable, pero honestamente, montaña es montaña. La sensación de plenitud que te otorga estar a grandes alturas es indescriptible.
Otra cosa, siendo más honesta todavía, es que, como mencioné, iba mi papá, es decir, estaba en una camioneta 4×4 bastante cómoda (mi prima tiene un carro pequeño, por ende, se va más apretado en él) con un chofer más seguro (o sea, mi papá, porque a mi prima yo la quiero, pero es muy insegura en carretera y eso hace que ande tensa en el viaje).
Y dado que iba mi amado progenitor, pude alimentar mi espíritu consumista, imperialista, capitalista salvaje. Porque con mis primos, tú ríes mucho y todo, pero tienes que rogar hasta para que te compren una botella de agua. Con mi papá, evidentemente no es así. Sé que hay muchos tipos de padres, unos más estrictos que otros, en mi caso, siendo la única chica (tengo sólo un hermano, gracias a Dios) pues, yo pido la luna y las estrellas y mi papá me las baja. Yo pude pedir dulces, un reloj, un bolso, y demás cosas, en sí tontas, pero que si sumas, te van dando una cuenta considerable (los gochos –personas propias de la región de los Andes- son unos careros sin remedio).

(En el Pico El Águila – la neblina no dejaba ver mucho, pero era espectacular de todas formas)
Y dado que pude satisfacer mis ansias de consumo, lo que quedaba era disfrutar del paisaje. Cosa que de hecho, sí hice, pese a que el viaje de ida y vuelta estuvo medio accidentado, porque la carretera hacia Timotes (pueblo donde me quedé) no estaba en sus mejores condiciones y tuvimos que tomar algunos desvíos (incluye aquí además algunos insultos que incluían la palabra “gocho” -que además de identificar a la población de una región, es sinónimo de “tonto” en otras partes del país-. hechos por mis padres ante la idiotez desencadenada entre los pueblerinos y su habilidad para estar frente al volante).
Lo único que critico es que la noche del sábado fue horrible. El partido Acción Democrática (que yo creía extinto) decidió escoger alguna novia o algo así. Lo que me sorprendió fue las edades de las concursantes, algunas incluso sólo tenían catorce años, cosa que me pareció una aberración. Es decir, dieciséis años no es que sea aceptable, pero catorce es prácticamente una niña todavía.
Luego de ello, cerca de la posada donde me quedé (allí no hay hoteles como tal, ni siquiera un centro comercial que pueda llamarse centro comercial, cosa que creo también le da su encanto, te aleja un poco de la realidad de una ciudad) se pusieron unos gochos borrachos a hablar pistoladas (algo cercano a la 1 de la madrugada). Señores, nunca había escuchado una conversación tan idiota en mi vida, y eso que he escuchado unas cuantas.
Finalmente, opté por mi reproductor de música (aunque sólo llevaba rock) e incluso con el sonido de las baterías y guitarras eléctricas, me pude dormir. Cualquier cosa a tener que oír una canción llorona mexicana que pusieron por allá.
Ah, también me dio mucha risa que el viernes en la noche unos adolescentes hicieron una fiesta (ésta terminó temprano) y bien, hasta aquí todo normal, lo cómico era que sólo pusieron una canción: Just Dance de Lady Gaga. Nunca había sabido de alguna fiesta que se pudiera dar con poner sólo una canción que se repetía y se repetía. Y finalmente, la cúspide de la estupidez (lástima que no tuve tiempo de tomarle alguna foto) se dio cuando íbamos subiendo al Pico El Águila, donde un camión (normal, con la parte trasera hecha de madera) aparentemente haciendo el papel de recolector de basura, llevaba muchas bolsas y demás cosas semejantes allí. El problema radicaba en que no colocaron ni siquiera un mantel plástico encima del contenido y a medida que recorrían la sinuosa carretera, iban dejando papeles y bolsas desperdigados por todo el camino puesto que el viento se las llevaba. Realmente un #epicfail.
Otra cosa insólita que me sucedió fue el hecho de encontrarme con una monja que tuve que soportar toda mi vida en el colegio. Yo nunca le agradé y ella nunca me agradó, sin embargo, confieso que le tengo cierto terror a la susodicha. Creo que no me volví atea o algo parecido sólo porque estuve en contacto con otras hermanas pertenecientes a otras congregaciones, que realmente eran unas santas.
En fin, lo cierto es que yo me escabullí y huí como una cobarde. Al día siguiente mi mamá se la encontró en el cafetín y pues, tuvo que saludarla. Le dijo que yo estaba estudiando psicología y la mujer ni se dignó a decir aunque sea un hipócrita “qué bien”, y mi papá, pues, ni siquiera le dirigió la palabra. Yo realmente agradezco el no haber tenido que saludarla o algo similar. Persona que pueda decir que me hizo la vida imposible, ella. Aunque reconozco que no ha sido la única.
Y bueno, sacando cuentas, descubrí que soy MUY valerosa (me tuve que bañar con agua fría porque el calentador se había dañado, y el agua parecía sacada directamente del refrigerador), realmente amo a los animales (estuve a punto de llevarme un gatito que vi en la calle de un pueblo vía Pico El Águila) )y pues, el viaje en sí estuvo bastante divertido. Espero volver pronto
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